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El pensamiento en red



UN MODELO INTEGRADOR ENTRE EL PSICOANÁLISIS, LAS NEUROCIENCIAS Y LA NUEVA CIENCIA DE LAS REDES


Hace ya más de un siglo la comprensión del ser humano fue revolucionada por el psicoanálisis, que sostenía, entre otras hipótesis, que nuestro funcionamiento mental y emocional se expresaba de dos modos. Un primer modo conocido desde siempre, en que las ideas y grupos de ideas se conectan por relaciones lógicas de causa efecto, racionales, secuenciales y coherentes. A este sistema que utilizamos para razonar, Freud lo llamó proceso secundario.

Pero también sostuvo que existía otro modo de conectar las ideas entre sí por lazos ilógicos, absurdos, sin coherencia temporal, con frecuencia por medio de atajos. El psicoanálisis denominó proceso primario a este segundo modo y lo definió como la dinámica del inconsciente.

Más adelante otros desarrollos mostraron la integración, sintonía o interfaz entre esos dos modos de conectar las ideas. Lo notable es que entre el pensamiento lógico y los atajos del inconsciente es dónde se producen ciertos fenómenos de una importancia enorme para el desarrollo de las potencialidades del individuo, la forma en que nos relacionamos y la creación de cultura. Los efectos de este entramado entre la razón y lo inconsciente son habilidades como la intuición, la empatía, el sentido del humor y la creatividad.

Hoy una nueva revolución en las neurociencias nos muestra un funcionamiento de las neuronas en redes de gran plasticidad, conectadas de modos diversos y versátiles, que confirman las hipótesis psicoanalíticas.

Por otra parte, si estudiamos unas de las ciencias más jóvenes, la dinámica de las redes complejas, aprenderemos que todas las redes vivas están compuestas de lazos ordenados, coherentes, formales y también de lazos azarosos, informales, de gran versatilidad y con tendencia a la expansión. Y que estos dos tipos de lazos producen efectos de red que pueden ser utilizados y aplicados en múltiples campos.

Mi búsqueda personal y científica me llevó a investigar estas tres aéreas del conocimiento.

En la intersección e integración de estas disciplinas desarrollé un modelo que llamé Pensamiento en Red y que muestra la afinidad y continuidad entre las redes neuronales, las redes del pensamiento, las redes sociales y todas las redes vivas. Esta dinámica se puede explorar y reconocer pero también desarrollar y entrenar. Hoy este modelo me permite trabajar con el potencial creativo de las personas, expandiendo tanto su desarrollo como su capacidad de generar vínculos productivos, inspirados e inspiradores.

Un nuevo escenario

En el escenario actual todas las fronteras se han relativizado y nos encontramos en la búsqueda de una comprensión del mundo más integradora. Como alternativa a las restricciones históricas y el reduccionismo que caracterizaron al pensamiento científico clásico, accedemos a una integración de saberes diversos, interconectados y en transformación.

En el conocimiento estamos asistiendo al surgimiento de un nuevo paradigma de las redes, verdadera revolución epistemológica que aparece en los años recientes. Este paradigma de redes alcanza tanto a las llamadas ciencias humanas como a las ciencias “duras”, tales como la física y las matemáticas. Y trae nuevos desafíos, nuevos riesgos y nuevas oportunidades.

La física cuántica, las matemáticas, la biología molecular, la sociología y la psicología comienzan a establecer nexos y correlaciones entre todo lo vivo, la energía y la materia, el orden y el caos, el azar y el determinismo. En este contexto ya no podemos explicar el mundo de acuerdo con leyes absolutas e inmutables.

Pero más aún, nos encontramos ante una nueva comprensión de los procesos mentales.

Desde diversas disciplinas aparece la noción de que el pensamiento científico y el artístico pasan de ser sistemas separados a complementarios y entramados. Así vemos que la razón y la intuición, la ciencia y el arte, se revelan como formas complementarias de aprehensión y transformación de la realidad.

Y si bien estos dos tipos de pensamiento han operado desde siempre tanto en la mente de los científicos como en la de los artistas, recién ahora comprendemos en su total dimensión la riqueza de este modelo para interpretar el nuevo paradigma de las redes, que hoy coexiste con el clásico paradigma de fronteras.

El paradigma de fronteras implica no solo la división del mundo en estructuras, clases sociales o países, y su consiguiente riesgo de exclusión y enfrentamientos, sino un modelo mental que fragmenta la realidad como modo de conocimiento, que ignora que es imposible comprender las cosas sin comprender la relación entre ellas. En el nivel del pensamiento, el paradigma de fronteras se llama reduccionismo.

El paradigma de redes considera la realidad como un sistema abierto de conectividad ilimitada, integra lo diferente, favorece la circulación de ideas, es expansivo e innovador. En su aspecto vital, es una trama que modula, diversifica y expande la civilización, aunque en su aspecto maligno, por su gran velocidad de dispersión, puede ser el campo propicio para la depredación y la propagación acelerada de la destrucción.

Y si bien los seres, los sistemas y las ideas nos resultan inquietantes a causa del exceso, la incertidumbre y lo enmarañado, cualquier intento de fragmentar lo intrincado llevaría a la mutilación y el empobrecimiento. A su vez, pretender unificar lo diverso en estructuras rígidas regidas por el orden y las jerarquías encamina a la construcción de un sistema cerrado y fosilizado.

Ya nadie puede quedar fuera de los saberes emergentes que están transformando nuestro pensamiento y nuestro modo de vivir y trabajar.

Si el mundo viene en formato red y el saber se está integrando en redes, cada vez más nuestro modo de pensar tendrá que ser capaz de instrumentar la complejidad y las diferentes formas de aprehensión del mundo y de las ideas.

Un punto de partida: el psicoanálisis como modelo de redes

A comienzos de 1900, Freud desarrolla el concepto de inconsciente como una red mental de conexiones ilimitadas, capaz de asociar ideas y grupos de ideas de infinitas maneras. Postulará dos tipos de pensamiento: uno que responde a la lógica y es consciente, y otro que puede prescindir de ella, es en gran parte inconsciente, y permite establecer conexiones entre lo alejado, lo diverso y aún lo opuesto.

Freud nos enseña también que si bien el inconsciente es una red infinita, no logramos utilizar gran parte de su potencial, a causa de las fijaciones libidinales y las experiencias traumáticas.

Al desvelar un sistema de pensamiento que escapa a la lógica formal, en la que los opuestos coexisten, y al incorporar los recursos de la asociación libre de ideas, la atención flotante y la empatía como formas de percepción, la razón y la intuición dejan de ser compartimientos separados.

Alrededor de 1950, Donald W. Winnicott desarrolla la teoría acerca de una zona intermedia del funcionamiento mental en donde las dos formas de pensamiento coexisten, en un contrapunto que sostiene lo consciente junto a lo inconsciente. Pero además, este modelo explora el espacio intermedio entre la realidad interior y la realidad externa. Propone un pensamiento que no se despliega dentro de la mente sino entre el ser y lo que le llega de afuera. Un sistema abierto donde la comunicación fluye entre el mundo interno y el entorno.

Pero a su vez el psicoanálisis parece ser una ciencia derivada del paradigma de fronteras y una precursora del paradigma de redes.

Repasemos los conceptos derivados del paradigma de fronteras: la represión que separa inconsciente y preconsciente, la barrera anti-estímulos frenando la invasión del mundo externo, la demarcación en espacios o instancias, el dualismo pulsional, el conflicto, la escisión. Y las dos tópicas que dieron lugar a dos versiones de la cura: “hacer consciente lo inconsciente” y “donde era el ello deberá advenir el yo”. Dominio de la razón sobre lo irracional, del orden sobre el caos.

En la teoría kleiniana son conceptos de frontera, la identificación y la proyección. También la identificación proyectiva, que expresa la precariedad de las fronteras del yo. Barrera de contacto, pantalla de elementos beta, serán los aportes de Bion para examinar y calificar la consistencia de los muros del aparato psíquico. En la teoría lacaniana será la forclusión la que deja un significante fundamental fuera de las fronteras del universo simbólico.

Por su parte, las etapas de la libido serán un intento de delimitar fronteras temporales: fijación y regresión, recuerdo y repetición, nos hablan de un sujeto determinado por su historia. En la técnica el encuadre, en la psicopatología los pacientes borderline y fronterizos, convocan también a pensar en fronteras.

Desde esta perspectiva sólo puede pensarse en términos de división y confrontación de dos espacios o tiempos inconciliables: dentro o fuera, antes o después. En este supuesto está implícita la noción de un ser con fronteras fijas y una identidad consumada en la infancia, condenada a un destino irrevocable.

Pero el psicoanálisis también aparece como legitimación de la trama secreta que subtiende al pensamiento formal, con los conceptos de inconsciente, asociación libre y atención flotante. Su originalidad estriba en haberse adelantado a su tiempo develando y a la vez creando el paradigma de la red.

Condensación, desplazamiento, transferencia y contratransferencia, pertenecen a este modelo. Y la técnica de interpretación de los sueños y los síntomas. También una versión de la cura que habla de desligar y liberar: deshacer los falsos enlaces entre afectos y representaciones, analizar la transferencia.

En la clínica, la apelación a la asociación libre intenta aflojar la trama psíquica. En esta versión, la cura consiste en liberar las representaciones y los afectos de sus anudamientos para que las cadenas asociativas que quedaron cautivas puedan recuperar su disponibilidad y ser utilizadas en nuevos pensamientos y experiencias inéditas. Este modelo apunta también a la disolución de las consolidaciones caracterológicas defensivas, residuos de lo traumático, recuperando la plasticidad y mutabilidad de lo psíquico.

Otras formas no lineales de conocimiento: algunas teorías

El epistemólogo e historiador italiano Carlo Ginzburg relata cómo, hacia fines del siglo XIX, surgió en el ámbito de las ciencias humanas la necesidad de un nuevo paradigma, hasta entonces ampliamente usado en la práctica pero poco teorizado.

Se trata de una milenaria táctica de construcción de conocimiento aplicada a lo único e individual: el método indicial, que no recurre a leyes generales ni sistematizaciones. Ginzburg nos relata cómo este paradigma de lo único fue recuperado por tres disciplinas cuyo objeto de estudio son los fenómenos individuales: la historia del arte, la criminología y el psicoanálisis.

Entre 1874 y 1876, el médico y crítico de arte italiano Giovanni Morelli creó un sistema para reconocer la legitimidad de una obra de arte. El modo imperante hasta aquel momento había sido considerar las características más notorias que definían a cada artista. Morelli sostuvo que esas eran precisamente las más sencillas de imitar, y propuso detectar en cambio los detalles menos evidentes, que él atribuía a rasgos inconscientes y expresiones involuntarias de la personalidad del artista.

Estos datos marginales son reveladores, porque constituyen los momentos en que el control del artista se relaja, y cede su lugar a impulsos espontáneos, “que se le escapan sin que él se dé cuenta”.

Por su parte, en las décadas de 1880 y 1890, el escritor inglés Arthur Conan Doyle publicó una serie de novelas protagonizadas por un personaje que llegó a hacerse célebre: el detective Sherlock Holmes. Como afirma Carlo Ginzburg, el método criminológico de Holmes se asemeja notablemente al método crítico de Morelli.

Para la misma época, en Viena, Sigmund Freud postulaba la exploración del inconsciente mediante una técnica que revela complejas constelaciones de conflictos reprimidos a través de signos y síntomas aparentemente sin sentido o insignificantes. Freud recupera e interpreta ciertos datos marginales reveladores de la historia, la personalidad y los conflictos de cada persona. A este método indicial lo denominó psicoanálisis, y él mismo reconoció su parentesco con el sistema de Morelli.

En ninguno de estos casos se recurrió a medir con precisión, detectar generalidades, formular leyes. El paradigma indicial no es un paradigma de lo universal, sino un paradigma de lo particular.

Sin embargo, como lo destaca Ginzburg, este modo de conocimiento sólo está al alcance de un experto. Aquel a quien en el arte se suele llamar connaisseur o entendido. Sus características son una gran intuición, en parte innata y en parte desarrollada, una vasta experiencia, y la capacidad de poner su mente en un estado de atención no focalizada, permeable a los indicios, sin prejuzgar los datos, y permitiendo que el conocimiento se integre a través de él.

Esta atención flotante es necesaria para que los otros recursos puedan ser activados, ya que cualquier intento de forzar la intuición concluye en frustración, o peor aún, en la construcción de falsas verdades a partir de un procedimiento racional, delirantemente explicativo.

En un segundo tiempo, la mente lógica procesa y “revela” los indicios, construye conjeturas y extrae conclusiones.

Hoy las ciencias humanas redescubren este nuevo y antiguo saber. La intuición, la recopilación de indicios no evidentes y la empatía son formas de conocimiento sutiles y enriquecedoras, que habían sido desprestigiadas y descartadas por el racionalismo. Las ciencias conjeturales, cuya herramienta básica es el método indicial, se ocupan de reconstruir la realidad a partir de indicios hábilmente seleccionados y compaginados.

Cada vez se ha hecho más evidente en las ciencias humanas la necesidad de un método que nos permita entender lo único e irrepetible.

Pero por otra parte, nuestros saberes sobre estas herramientas han avanzado gracias a la investigación empírica, lo que nos permite revalorizar su calidad y precisión.

En los últimos años, varios textos –en particular el best seller Blink de Malcolm Gladwell investigan empíricamente y generan estadísticas acerca de la capacidad de predicción del pensamiento intuitivo. Este autor estudia también el funcionamiento de la empatía como herramienta de comunicación.

Las neurociencias: del cerebro al pensamiento

Hoy sabemos más acerca del funcionamiento neuronal para comprender la ingeniería de los procesos mentales, pero también de cómo el cuerpo, las emociones y la experiencia transforman nuestro cerebro y nuestra visión del mundo. Lo notable es que estos descubrimientos acompañan las hipótesis psicoanalíticas. Algunos hitos de los recientes años.

El neurólogo suizo Roger Wolcott Sperry, premio Nobel de Medicina en 1981, estudió en detalle las funciones y características complementarias de ambos hemisferios cerebrales: el izquierdo, que rige el pensamiento lógico e instrumental, relacionado con el lenguaje; y el derecho, el de las emociones, la intuición, lo relacional y lo visual.

Sabemos que entre ambos hemisferios se halla el cuerpo calloso, compuesto por unos doscientos millones de fibras nerviosas que conectan entre sí a las dos partes del cerebro, integrando las dos formas de funcionamiento.

En la cultura occidental, los patrones de educación formal tienden a generar un mayor desarrollo del hemisferio izquierdo, que, al ser el dominante, envía órdenes al hemisferio derecho a través del cuerpo calloso. La mayoría de estas órdenes son inhibitorias. Esto quiere decir que, en términos generales, el hemisferio izquierdo reprime la imaginación desbordada, frena la sensibilidad excesiva, censura las ideas extravagantes.

Por otra parte el estudio de la actividad eléctrica del cerebro ha permitido establecer la existencia de diversos tipos de patrones rítmicos llamados ondas. Dichos patrones cambian de acuerdo con el tipo de actividad que realiza el cerebro (sueño o vigilia, meditación o lucha, etc.).

Mencionaremos las ondas cerebrales alfa, relacionadas con el soñar y el fantasear, y las ondas beta, ligadas con el estado de alerta y la preparación para la acción.

Hace pocos años, se realizó una experiencia con jugadores de golf. Se les colocó un casco que tomaba mediciones de sus ondas cerebrales y las registraba en una pantalla. Se comprobó así que el cerebro de los grandes maestros, en el momento de pegar el golpe, operaba con predominio de ondas alfa, un estado de relajación similar al trance. El golpe resultante era preciso y de gran potencia.

Sometidos a la misma prueba, los golfistas principiantes mostraron un predominio de ondas beta, por lo que, contrariamente a lo que podría suponerse, sus golpes salían tensos y contenidos, con menos fuerza y precisión.

Entre los años 1984 y 1994, diferentes investigadores estudiaron la aparición de las ondas alfa en diversas actividades y también su debilitamiento en determinadas condiciones.

Constataron que el aumento de estas ondas mejora la fluidez en la creación de conceptos e imágenes, y en la resolución de problemas. Por otra parte, los mismos estudios demostraron que el agotamiento por estrés debilita en forma duradera las ondas alfa y genera un exceso de ansiedad, demasiada conexión con lo externo y poca flexibilidad para resolver problemas.

Por otra parte, se descubrió que las neuronas también responden a la dinámica de redes.

Los neurólogos Wolf Singer y Lago Fernández en Madrid, a fines de 1999 revelaron que el funcionamiento neuronal está configurado por lazos ordenados, que siguen una secuencia lógica, pero también por otros links azarosos, aleatorios, y que funcionarían como atajos o saltos del pensamiento.

Hoy sabemos que las conexiones pueden perderse, recuperarse, y establecer nuevos circuitos a partir de nuevos links y caminos alternativos, a través del entrenamiento y de la interacción con otras personas.

Al nacer, el cerebro de un bebé está formado por 100 mil millones de neuronas, casi la misma cantidad de estrellas que hay en la Vía Láctea.

Poco después del nacimiento, el cerebro, en un Big Bang de exuberancia, produce millones de conexiones entre las neuronas. Poco a poco, irá eliminando aquellas conexiones que no han sido utilizadas. Las experiencias y vivencias generan estallidos espontáneos de conectividad, reforzando algunas sinapsis, mientras que las que no son activadas se atrofian.

La complejidad de una Red se construye. La incorporación de conocimientos y experiencias incrementa la trama de las conexiones entre neuronas. Es decir que, a mayor ejercicio de la creatividad y a mayor experiencia, más poderosa será nuestra Red neuronal.

Otro punto de partida: el estudio de las redes complejas

La ciencia de las redes estudia los diferentes tipos de redes, y muestra cómo están constituidas las llamadas redes complejas, que son la trama del funcionamiento esencial de todos los sistemas vivos. Éste es un conocimiento reciente, innovador, sorprendente.

La ciencia de Redes tiene su origen en las matemáticas, fue desarrollada por la física y se aplica en la epidemiología, el estudio de grupos y sociedades, las campañas de marketing, las estrategias económicas, la ecología, la biología, y también las conexiones neuronales.

Las redes complejas, trama del funcionamiento de todos los sistemas vivos, están formadas por nodos enlazados de diversas maneras, con unas conexiones ordenadas según diferentes patrones y otras que son aleatorias.

El sociólogo Duncan Watts y el matemático Steven Strogatz (Universidad de Cornell, 1998) descubrieron que cuando se agrega un link aleatorio a una red ordenada, se acortan las distancias entre un punto y otro, aumentando exponencialmente la conectividad de toda la red.

Y  lo más sorprendente es el corolario de esta ley: cuanto mayor es la red, menos son los lazos aleatorios que se necesitan para mejorar su conectividad total.

Llevado al funcionamiento mental, podríamos decir que una mente que posea más vías de acceso a su capital de ideas y menos anudamientos o cortes patológicos tendrá mayor libertad asociativa, con mejor conectividad entre grupos de ideas, y por lo tanto mayor creatividad.

Pero, además, una mente curiosa y preparada, con amplitud de intereses, necesitará de apenas unas pocas operaciones mentales para generar resultados originales.

Por su parte, el sociólogo Mark Grannovetter estudió, algunos años antes (1973), la función esencial que cumplen los lazos habitualmente considerados débiles en la conectividad total de una Red. Los lazos débiles son aquellos que conectan puntos que tienen “poco que ver” entre sí, los que tienen vínculos distantes, indirectos o aparentemente poco significativos.

Lazos fuertes, por ejemplo, son los que nos unen a personas muy cercanas, como nuestra familia y nuestros amigos más próximos. Lazos débiles son aquellos circunstanciales que generamos en un viaje, un curso, un encuentro casual. Los lazos fuertes le dan consistencia a nuestra Red y los débiles le dan expansión.

En el funcionamiento mental, los sistemas de ideas altamente consistentes operan como anudamientos, consolidando excesivamente los lazos fuertes e impidiendo la apertura tanto hacia las nuevas ideas como hacia las nuevas relaciones.

Por otra parte, se descubrió que el cerebro humano también responde a una dinámica de redes complejas, con neuronas conectadas por lazos ordenados que siguen una secuencia lógica, y otros aleatorios y que funcionarían como atajos. En el modelo psicoanalítico de la mente, estos se corresponderían con la intuición, la empatía, el sentido del humor y la creatividad.

Laszlo Barabassi, el físico de las redes, estudia estructuras de sistemas complejos, especies en un ecosistema, personas en una sociedad, nodos de internet. Y afirma en su “Linked, la nueva ciencia de las redes” (2002), que el descubrimiento de que, todos los sistemas vivos funcionan como redes complejas, que incluyen el orden y lo aleatorio, no es una revolución sino apenas una revelación.

El Pensamiento en Red

El modelo teórico técnico que he llamado Pensamiento en Red es un modelo transdisciplinario que integra conceptos del psicoanálisis, avances de la neurobiología y la dinámica de las redes complejas. Deriva del reconocimiento y la legitimación del paradigma de redes implícito en la teoría freudiana, se apoya en la noción de transicionalidad winnicottiana,  como sistema de integración de proceso primario y secundario y como sistema de construcción intersubjetiva, y se aplica a la comprensión del pensamiento y sus inhibiciones.

La noción de Pensamiento en Red toma en consideración tres niveles entramados. La integración del pensamiento intuitivo con el lógico lineal, la incorporación de la atención flotante a la atención focalizada, y la conexión empática con el otro. Es en estos estados dónde se despliegan tanto el pensamiento creativo como las experiencias creativas compartidas.

El Pensamiento en Red es un recurso que pone en valor una capacidad innata, que se suele perder con la educación formal: nuestra habilidad natural para desenvolvernos en los sistemas de redes. En la jerga de Internet, de navegar las redes. Esa capacidad es la que el Pensamiento en Red busca recuperar, reconocer, legitimar y poder usar a voluntad.

El concepto de Pensamiento en Red devela un pensar que no es individual ni colectivo sino conectivo, que se da en el espacio intermedio entre un pensamiento y el otro.

Cuando el pensamiento opera en estado de asociación libre y atención flotante, los estímulos no actúan sólo como generadores de respuestas lineales o reacciones defensivas sino que se difunden por la trama de ideas operando a la manera de una “fuente de inspiración”.

Por oposición, en estado de atención focalizada los estímulos son percibidos como amenazas que incitan a la defensa, cerrando la red del pensamiento.

Y este Pensamiento en Red no es sólo intelectual, sino que integra siempre lo emocional y lo corporal. Hoy sabemos notablemente más acerca del funcionamiento de la mente, y de cómo desarrollar funciones que antes considerábamos genialidad innata de unos pocos, o educación privilegiada de otros.

Pensamiento en Red, a la vez que un modelo teórico, es un método de entrenamiento que integra las diversas formas de conocimiento. Así, la intuición se transforma en aliada de la inteligencia en vez de oponerse a ella. Las emociones no crean confusión sino que refuerzan la certeza respecto de lo que percibimos objetivamente. La creatividad se concreta en realizaciones.

Pensamiento en Red es la activación y entrenamiento de un estado de la mente que permite estar a la vez, imaginando y realizando, interactuando con los otros y el mundo. Es un modelo necesario para percibir y procesar las nuevas formas de presentación de la realidad: un universo abierto, interconectado y en constante fluir.

Sonia Abadí  (Apa)

Fuente: www.crisiseconómica2010.com

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